Memorias de un trueque que dejó a los kizweños sin Los Remedios

Entre historias contadas al calor de la leña, que lenta se consume mientras hierve el mote o el agua de panela, comuneros del resguardo indígena de Kizgó, en la vereda Camojó, jurisdicción del municipio de Silvia, en el departamento del Cauca, rodearon poco a poco al mayor Mario Bolívar Rivera; Mayor no por un título de la milicia, sino por el reconocimiento ancestral de su comunidad.

Escucharon que hablaba de cómo los kizweños dejaron de ser los dueños de la finca Los Remedios, predio de 175 hectáreas que reclaman como parte de su territorio ancestral.

No había mucho que hacer… Esa era incluso la queja repetida ante las autoridades indígenas por parte de los más de 200 kizweños que desde el 14 de noviembre de 2007 llegaron a Los Remedios. De manera pacífica, solicitaban el cumplimiento de los acuerdos firmados con los gobiernos nacional y regional que les retornaban estas tierras.

La finca Los Remedios, refiere la tradición oral indígena, “hace mucho tiempo, hace unos cien años”, la perdieron los kizweños en una negociación que según relató Mario Bolívar Rivera, se concretó en medio de la confianza de los indígenas y engaños de los compradores.

“Esta tierra era de unos indígenas que vivían aquí, de apellido Pechené”, recordó el mayor Bolívar Rivera. “Los indígenas según se ha sabido se dejaron engañar en esos tiempos”, rememoró el kizweño que dice ser “un comunero común y corriente”; aunque al interior del resguardo es considerado además como una persona que tiene la capacidad de liderarlos. Ha resultado electo en dos ocasiones: una vez como alcalde mayor y en otra como gobernador suplente del cabildo indígena del resguardo de Kizgó.

Después de pasar por otras manos, Los Remedios llegó a ser propiedad del confeso narcotraficante Gilberto José Rodríguez Orejuela, extraditado y condenado en Estados Unidos. Posteriormente, el predio entró a hacer parte de los bienes incautados al narcotraficante. El 22 de agosto de 1989 lo ocupó la fuerza pública.

Esta coyuntura la aprovecharon los indígenas para iniciar la reclamación de Los Remedios.

Ocupaciones de hecho, movilizaciones para cumplir con rituales de armonización, pero en especial un proceso jurídico que los tiene ad portas de volver a ser los dueños titulares de Los Remedios, hicieron parte de las acciones emprendidas por los kizweños durante 18 años.

El 11 de diciembre de 2007, mediante resolución 1396, la Dirección Nacional de Estupefacientes, DNE, resolvió designarlos como destinatarios provisionales de Los Remedios.

Para los kizweños la finca Los Remedios hace parte de su resguardo. Así lo certifica la escritura pública número 408 de 1886, cuya validez quedó ratificada en el informe entregado por la Subdirección Nacional de Catastro, Sección Deslindes, del Instituto Geográfico Agustín Codazzi en diciembre de 1989, realizado para delimitar los linderos del resguardo indígena de Kizgó.

Tierra por tela

Desde que el mayor Bolívar relata la historia de los kizweños, da cuenta que esta tierra pertenecía a unos indígenas de apellido Pechené. Sin embargo, las repetidas visitas de un habitante de Silvia interesado en comprarle Los Remedios a los Pechené, terminaron por convencer a los kizweños de concretar el trueque que les proponía: cambiar la tierra por cinco tubos de lienzo y uno de rebozo[1] –nombre dado por los indígenas al manto utilizado por las mujeres para cubrirse la cabeza-. El comprador se ganó la confianza de los indígenas “llevándoles cualquier cosita de regalo. Pancito, chocolate…”, rememoró Mario Bolívar.

- Les dijeron que les cambiaban la tierra por unos conos de lienzo grueso para hacer los pantaloncillos. En ese tiempo no se veían los pantalones modernos. Nuestros abuelos utilizaban era una especie de pantalón blanco que iba únicamente hasta la rodilla. Y las mujeres una bayeta amarilla. También cambiaron por uno de esos conos.

Para los indígenas, la tela fina ofrecida por David Rodríguez, primer comprador de los predios que conforman la actual finca Los Remedios,  resultó tan llamativa que no encontraron reparos para hacer el trueque. Al fin de cuentas, los nuevos ‘amos y señores de la tierra’ les permitieron quedarse a trabajar en el predio, junto con sus hijos.

-Les cambiamos esto y ustedes se quedan viviendo aquí hasta que se mueran. Hagan de cuenta que no han vendido.

Los Pechené confiaron que hacían una buena negociación. Lo que no sabían era que con este cambio, cambiaban también la historia de la comunidad indígena a la que pertenecían. Y la de sus hijos Matías y José Pechené, “y otro del que no me acuerdo del nombre”, dijo el mayor Bolívar Rivera. Pero hace más de cien años no pensaban en que la tierra pudiera hacerles falta.

- Ellos quedaron contentos porque creyeron que eso les iba a durar mucho. Como eran mayores… se iban a morir… Una vez que hicieron este cambio, entonces ya les dijeron: Ustedes tienen que firmar un papel. Era firmar la escritura. Ellos no sabían qué era eso.

Trámite que era indispensable realizar en Popayán. En el municipio de Silvia no había oficina notarial en esa época. Después de un viaje de tres días a pie hasta la capital, en el que los gastos de ida corrieron por cuenta de los nuevos dueños, los Pechené sellaron el desigual trueque “a ruego”, como se conocía en esos tiempos la firma de documentos por personas que no sabían leer ni escribir. Tenían que conseguir a alguien que firmara por ellos.

- Los llevaron a la oficina y los hicieron firmar.Ahí llevaron unos testigos.

Procedimientos similares se repitieron en diferentes partes de los territorios indígenas, aseguró el ex gobernador José Ramón Hurtado Pillimué. “Gente que se ha aprovechado de nuestros mayores para quitarle sus tierras, engañándolos, cambiándoles la tierrita por bultos de pan, por ropa, o aprovechándose de las enfermedades consiguiéndoles alguna droga, y le hacían firmar documentos. Entonces pasaban nuestras tierras a gente extraña”.

Estas propiedades son las que ahora reclaman los indígenas caucanos. “Hay indígenas que no tienen dónde vivir, dónde trabajar… Situación precaria…”, comentó el mayor Mario Bolívar Rivera.

Enclavado en la cordillera Central colombiana en el municipio de Silvia, el resguardo indígena de Kizgó alberga a más de cuatro mil kizweños en una extensión territorial de 5.072 hectáreas[2]. Ver mapa.

Indígenas que a pesar de reconocer la pérdida de identidad cultural sufrida a través de más de 500 años de influencia de la cultura occidental, buscan no sólo recuperar esas tradiciones autóctonas, sino la totalidad del territorio que aseguran les pertenece como habitantes originarios de la tierra a la que llegó el navegante Cristóbal Colón en 1492. Derechos reconocidos por los invasores a través de la figura de los resguardos[3].

“Desde la conquista española hasta nuestros días vivimos la historia de la expropiación territorial”, dice uno de los apartes de la ponencia presentada en noviembre de 2005 por la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca en el Foro Social Colombia realizado en Bodega Alta del municipio de Caloto, Cauca.

Así lo sostiene también el líder indígena caucano Manuel Quintín Lame, en su libro Los pensamientos del indio que se educó dentro de las selvas colombianas[4].

De “un territorio amplio”, como lo describe el ex gobernador José Ramón Hurtado Pillimué, que comprendía “desde aquí donde está el sector urbano de Silvia”, seguía el curso de la quebrada Manchay y la cuenca del río Ovejas hasta la desembocadura al río Cauca, “hoy nosotros, la comunidad kizweña vivimos arrinconada aquí en la cordillera”, dijo el mandatario indígena.

Conservación y ampliación de resguardos

“La mayoría del territorio indígena es la prolongación de propiedades que han tenido la capacidad de conservar las comunidades indígenas durante siglos de ataque contra la figura del resguardo”, asegura el Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC.

Ante la pérdida de parte de sus territorios, en septiembre de 1995 declararon la emergencia económica, social y cultural de las comunidades indígenas caucanas[5]. En promedio, sólo el 30 por ciento del territorio de los resguardos a nivel nacional es apto para el uso agropecuario, coinciden en afirmar autoridades indígenas, expertos en el tema étnico y entidades estatales. [6], –Ver cuadro 1- tierras que según explicó Yamile Salinas “tienen vocación ambiental”. 

De las 544.901 hectáreas que tienen en total los indígenas en el departamento del Cauca [7] , equivalentes al 18 por ciento del área de la región, el 32 por ciento es de uso agropecuario, destinado a cultivos alimentarios, bosque plantado y pasto. Los bosques primarios, páramos y zonas de reserva y conservación ambiental conforman el restante 70 por ciento.  

Frente a este panorama, “el t">miércoles 12 de Octubre de 2005, en el marco de la Minga Nacional, fue ocupada en forma pacífica la finca Los Remedios, ubicada en la vereda Camojó, municipio de Silvia, de propiedad de Gilberto Rodríguez Orejuela y Ana Dolores Ávila de Mondragón, -suegra del confeso narcotraficante-, actualmente incautada por el Estado Colombiano. El predio fue incluido en las negociaciones entre el Gobierno Nacional y las autoridades del resguardo con ocasión de la Movilización de Río Blanco en mayo de 1996, cuando el Estado se comprometió a adquirir 400 hectáreas de tierra”[8].

Ese mismo día se sumaron a la movilización indígena las comunidades de los resguardos de La Aguada, San Antonio, Caldono, Pueblo Nuevo, Pioyá, Las Mercedes y La Laguna Liberia, ubicados en los municipios de Caldono, Silvia y Piendamó, en el Cauca.

De nuevo, en diciembre de ese año y a raíz de esas movilizaciones, se firmaron acuerdos entre el gobierno nacional y regional con las autoridades indígenas, donde se incluye el compromiso de la entrega provisional de la finca Los Remedios al cabildo indígena de Kizgó[9].

En vista del incumplimiento de los acuerdos y de la orden del más allá, recibida de parte del cacique Kiwa a través de los médicos tradicionales, como lo aseguran los kizweños, el 14 de noviembre de 2007 volvieron a hacer presencia en Los Remedios.

- Sólo la recorreremos todo el tiempo a lo largo de la actividad, por cuanto recorrer para nosotros significa comunicarnos con nuestros antepasados… Para que nos ayuden a leer en el territorio nuestra historia sepultada bajo inmemorables capas de olvido... Recorrer significa revitalizar memoria y por ende fortalecer territorialidad, territorio, identidad, cultura y autonomía, dijeron en su momento otras voces de la comunidad kizweña.

En esta ocasión los kizweños lograron su objetivo. La Dirección Nacional de Estupefacientes, DNE, les entregó de manera provisional el predio Los Remedios, después de 18 años de un litigio jurídico que aún no llega a su fin.

Está pendiente la decisión de la Sala Penal de Descongestión del Tribunal Superior de Bogotá, que definirá en última instancia sobre la procedencia o no de la declaratoria de extinción del derecho de dominio sobre Los Remedios.

En sentencia del 4 de junio de 2007, el Juzgado Quinto Penal del Circuito Especializado de Descongestión de Bogotá declaró la extinción del derecho de dominio sobre Los Remedios, por considerar que la negociación efectuada entre Rodríguez Orejuela y su suegra se trató de un caso de testaferrato. Decisión objetada por las herederas, quienes hasta el 11 de diciembre de 2007 usufructuaron del bien.

Esto es lo que quieren recomponer los indígenas: el aprovechamiento ilícito del predio. Por eso, tal como lo expresó Víctor Muelas, “el proceso de recuperar la tierra no solamente es para sembrarla y para cultivarla, para hacer unas viviendas, para meter ganado. Recuperarla significa toda una responsabilidad en el sentido de que se está dándole vida nuevamente a la tierra… liberándose… O sea, recuperando fuentes de agua, recuperando diversidad, tanto de flora como de fauna, recuperando pensamiento. Entonces seguir saneando nuestro territorio es eso, es seguir vitalizando la tierra, porque es poquito lo que hemos hecho para lo que nos falta hacer frente a la tierra. Poder estar ahí es poder decirle a la tierra que nuevamente volvimos a ver cómo la recuperamos, a ver cómo le damos la mano para volverla fértil nuevamente, y para ver cómo colocamos las demás cosas de la naturaleza ahí también”.

[1] Manto usado por las mujeres[2]Informe resguardo indígena de Kizgó, municipio de Silvia, departamento del Cauca. Subdirección Nacional de Catastro, División de Asesoría y Control, sección Deslindes, Instituto Geográfico Agustín Codazzi. Bogotá, diciembre de 1989.[3]Establecidos a finales del siglo XVI por la corona española, la figura de los resguardos buscaba proteger al indígena de los atropellos de los encomenderos, otra de las figuras de la economía colonizadora.[4] Texto reproducido en el libro En defensa de mi raza. Introducción y notas de Gonzalo Castillo Cárdenas. Ed. Editextos Ltda., Bogotá. [5] Liberación de la Madre Tierra. Artículo difundido en Internet por el Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC. Página www.laboratoriodepaz.org, en el link publicaciones o comunicados de prensa. [6] El Camino hacia una reforma agraria popular en Colombia. Autoridades Indígenas del Cauca. Ponencia de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca para el Foro Social Colombia realizado los días 3, 4 y 5 de noviembre de 2005 en Bodega Alta, municipio de Caloto Cauca. [7]Cifra divulgada por el Consejo Regional Indígena del Cauca, Cric, en la página web www.laboratoriodepaz.org, en comunicado titulado Liberación de la madre tierra, que “corresponden a resguardos coloniales con título vigente, así como a procesos de ampliación, constitución, ampliación y saneamiento de resguardos. En esta cifra también se incluyen predios que han sido entregados por acta a las comunidades, pero que aún no han sido legalizados completamente”.[8]Liberación de la Madre Tierra. Pág. 6. Artículo difundido en Internet por el Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC. Página www.laboratoriodepaz.org, en el link publicaciones o comunicados de prensa[9] Acuerdo entre el Incoder, el Ministerio del Interior y de Justicia, la gobernación del Cauca y las comunidades indígenas representadas en Aico –Autoridades Indígenas de Colombia-. Popayán, Cauca, 16 de diciembre de 2005 y en el Acta número 001 de la reunión sostenida el 14 de octubre de 2005 entre las autoridades indígenas Páez y Kizweñas del municipio de Silvia, con el gobernador del Cauca, el alcalde y el personero municipal de Silvia, y la Procuraduría Regional. Popayán, octubre 14 de 2005. “Las tierras que tienen no son las tierras aptas”, asegura Yamile Salinas, especialista en asuntos étnicos. Esta situación es generalizada en el territorio colombiano. De los resguardos indígenas reconocidos en Colombia, el 67 por ciento está en la selva amazónica

 

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