Cuando la verdad es la más sacrificada

Reporteros de Colombia, con el propósito de contribuir al ejercicio de memoria de los hechos del conflicto armado y en homenaje a las víctimas de la sociedad civil, recoge la historia de dos jóvenes sincelejanas que fueron asesinadas por hombres del bloque Héroes de los Montes de María de las AUC.

En tiempos de conflicto armado la primera sacrificada es la verdad y es esa precisamente la que no conoce Nemesia Mercado, una mujer que a sus 87 años aún conserva una lucidez mental y, ante todo, las esperanzas de un pronto regreso de la menor de sus hijas, Aida Padilla Mercado.

Lo desafortunado de este episodio es que muy probablemente Nemesia se marche de este mundo sin saber qué fue lo que en realidad ocurrió con su hija Aida, quien vivía con ella en la Calle La Pajuela de Sincelejo y por ende la que velaba por su bienestar.
Sus otros 7 hijos y demás familiares, así como las personas que conocen de cerca su triste historia saben que Nemesia no puede saber la “verdad” que hasta el momento los paramilitares han revelado a cuenta gotas.

Ellos, especialmente Úber Bánquez, alias “Juancho Dique”, uno de los tres jefes del desmovilizado bloque Héroes de los Montes de María de las Autodefensas Unidas de Colombia, le contó a un fiscal de la Unidad de Justicia y Paz de Barranquilla el 25 de julio del año 2008, que las dos jovencitas de Sincelejo, refiriéndose a la visitadora médica Aida Padilla Mercado y a la primera y única Reina Cecarense del Fandango, Sadid Elena Mendoza, habían sido asesinadas, al igual que los dos detectives del CTI de la Fiscalía de Bogotá, Jorge Enrique de la Rosa y Fabio Luis Coley, por Rodrigo Mercado Peluffo, alias “Cadena”, considerado por las autoridades como el más sanguinario de todos los miembros del grupo armado ilegal.

Para los Padilla Mercado, pero especialmente para Francisco, uno de los hermanos mayores de Aida, esa era una verdad que no los sorprendería, pues a su juicio “en Sucre se sabe que el que iba a San Onofre sin permiso aparecía muerto por “Cadena”, dijo.

Sin embargo, lo que más les aterra y les produce dolor e impotencia en estos momentos es que los restos óseos de su hermana, de la amiga de ésta y de los detectives, quienes a su juicio se las llevaron engañosamente, no podrán ser recuperados nunca, pues los lanzaron a las aguas del Mar Caribe, desde el Golfo de Morrosquillo, su área de operaciones.

A principios de julio de 2008, conocieron la versión, al parecer cierta, del ex paramilitar y esa para ellos se ha convertido en la absoluta. Aún no la asimilan. Nemesia ni siquiera la conoce, pero los padres de Sadid sí, tanto que su mamá tuvo conocimiento del hecho a través de la prensa. Cuando lo leyó se desmayó y debió ser internada en una clínica de la ciudad.

Desde su ausencia, la desconsolada madre de Sadid, quien era una reconocida estudiante de psicología de la capital sucreña, ha tenido que ser intervenida quirúrgicamente en siete oportunidades.
Su padre, un ingeniero agrónomo que se encontraba de viaje el día en que su hija se fue de paseo para El Rincón del Mar a encontrar la muerte, y no a divertirse como era el objetivo, ha perdido un poco el control de su vida.

Algunos allegados comentan que en repetidas ocasiones ha entrado en shock, como le ocurrió el 25 de junio de 2008 cuando en plena audiencia pública ante un Juez en Barranquilla le pidió a alias “Juancho Dique” que dijera la verdad de este episodio, pero que ante todo le informara dónde estaba su hija.

En ese momento el angustiado padre no encontró una respuesta satisfactoria a su interrogante porque el desmovilizado jefe paramilitar le dijo no saber nada, pero misteriosamente cuatro semanas después confesó a un fiscal de la Unidad de Justicia y Paz de Barranquilla la versión más cercana a lo que sería la realidad: a Sadid, a su amiga Aida y a los detectives que estaban investigando sobre las oscuras andanzas del hoy desaparecido jefe paramilitar Rodrigo Mercado Peluffo, alias “Cadena”, los asesinaron y posteriormente lanzaron sus cadáveres al mar.

Los padres de Sadid y los hermanos de Aida dicen que esta sí es la verdad, aunque les duele aceptarlo. Los familiares de la primera lo han asimilado un poco más que los otros, gracias al apoyo psicológico y jurídico que han recibido por parte de personal experto de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, seccional Sucre.

A reconstruir la memoria

Pese a los casi 9 años de la desaparición de estas jovencitas, en la memoria colectiva de algunos sincelejanos que tuvieron la oportunidad de conocerlas está latente la imagen extrovertida de ambas.

Aida era una exitosa visitadora médica y Sadid, que fue portada de varios periódicos de Sucre, fue la primera reina de un certamen que realizaron las directivas de la Corporación Universitaria del Caribe (Cecar) donde adelantaba estudios profesionales.

Y es precisamente esta imagen la que los familiares de las víctimas buscan reconstruir a pesar de lo sucedido, por eso se han vinculado al proyecto Red de Víctimas Tejedoras de la Memoria que fundó la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación en Sucre al ver los cerca de 4.500 casos de desaparición forzada de los que tienen cuenta en la región y entendiendo además la gravedad del crimen de lesa humanidad que constituye este hecho y, ante todo, las implicaciones de carácter psicológico que ello amerita.

¿Ausencia del Estado?

Las personas que hacen parte de la Red, aunque llevan la procesión por dentro, sienten que con lo que están haciendo, de la mano de abogados y psicólogos, le ganarán una batalla más a la vida. Sin embargo, Francisco Padilla, uno de los hermanos de Aida, reprocha la forma como el Estado se ha comportado con ellos.

“Mi mamá no ha contado con la ayuda psicológica que necesita, se está consumiendo del dolor al saber que su hija no regresa”, dijo.
También recrimina la forma en la que actuaron los detectives Jorge Enrique de la Rosa y Fabio Luis Coley, quienes, a su juicio, se llevaron a su hermana y a su amiga en una forma engañosa. “Si ellos le hubiesen dicho a ellas a qué iban a San Onofre, cuál era su misión, de seguro mi hermana no se hubiera arriesgado, pues era tanto el miedo que ella le tenía a ese municipio que siempre que en el trabajo la enviaban para esa zona se negaba. Fue una vil mentira la que ellos le echaron a mi mamá y a mí para llevarse a mi hermana porque nos dijeron que eran exportadores de cebo de ganado.”, indicó.

Esto deja al descubierto que los investigadores del CTI no le informaron ni a sus mismas acompañantes que la misión de ellos era hacerle seguimiento a alias “Cadena”. Se conoció que en ese entonces indagaban sobre la masacre de Chengue, Ovejas.

Ellos tenían la intención de permanecer durante un mes en un apartamento ubicado en la Calle La Pajuela de Sincelejo, cerca a la casa de Aida Padilla, pero a los dos días de estar allí se fueron para El Rincón del Mar en misión de trabajo y no regresaron.

Sus familias siguen clamando justicia y condenas ejemplares para los autores de esta masacre, sin embargo las penas no podrán sobrepasar los 8 años porque quienes han confesado el hecho, como es el caso de alias “Juancho Dique”, están amparados en la ley de Justicia y Paz; además quien ordenó la ejecución, alias “Cadena”, sigue desaparecido. Sin embargo hace un mes investigadores del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía capturaron en Sincelejo a alias “el Pocho”, un nativo de San Onofre, que según las autoridades condujo a las víctimas desde El Rincón del Mar hacia la finca El Palmar, centro de operaciones de alias “Cadena” y donde después de asesinarlos los sepultaron en una gran fosa y a los 4 días, han dicho los testigos a Justicia y Paz, se ordenó desenterrarlos y lanzar los cadáveres al mar.

Mientras la justicia actúa, los familiares de Sadid Elena siguen asistiendo a las reuniones de la Red de Víctimas Tejedoras de la Memoria, proyecto éste que se ha convertido en un sitio de encuentro de víctimas en el que desahogan sus penas y tratan de sacarle una cara amable a la vida que llevan. El proceso con estas familias se inició en marzo de 2007 con 3 mujeres y a la fecha hay 56.

Hasta cuando se haga justicia los familiares de Sadid Elena Mercado reconstruyen su memoria y los de Aida se siguen consumiendo en un dolor que se acrecienta al saber que su madre sufre aún sin saber la realidad.

En Sucre este hecho solo es recordado cuando los postulados en Justicia y Paz se refieren a él. Sin embargo, en su momento, es decir, días después del hecho, hubo algunas manifestaciones por parte de la sociedad civil pero hoy ya se han olvidado.