Nuevo premio para Reporteros de Colombia

La crónica “Un país de mutilados” realizada por Alberto Salcedo en producción con Reporteros de Colombia y publicada en la revista SOHO, recibió el “Premio Nacional de Periodismo Simon Bolívar” a “Crónica-Prensa”. Ver crónica

El “Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar” es uno de los mayores estímulos que puede recibir un periodista en el país, es el fomento al espíritu del oficio informativo como uno de los pilares fundamentales de la Constitución y la democracia en Colombia. Es el afianzamiento del trabajo realizado durante un año alrededor de la responsabilidad en el cubrimiento de temáticas que contribuyan con sus contenidos al mejoramiento de la sociedad, como lo especifican los creadores del premio en su portal Web: http://www.segurosbolivar.com/PAGSIMON/historia.html

En este caso, Alberto Salcedo en “Un país de mutilados” relata el drama y supervivencia que han librado los habitantes del Oriente Antioqueño, víctimas de las minas antipersona. La crónica visibiliza cómo esta región del país es una de las más golpeadas por estas armas de guerra, violatorias del Derecho Internacional Humanitario, y cómo los principales afectados son los pobladores rurales, quienes después de sufrir heridas y mutilaciones, abandonan sus parcelas y emprenden un éxodo doloroso en busca de auxilio; como lo describe Salcedo en “La ruta de la infamia”, uno de los cuatro capítulos en los que está divida la historia. Las personas víctimas son niños, jóvenes, adultos y ancianos quienes a raíz del accidente deben emprender un camino ahora “minado” por problemas psicológicos y físicos.

Una de las crónicas de Salcedo es “El cantar de Claudia”, que describe la historia de Claudia Ocampo una niña de 11 años, su madre y su padre quienes fueron impactados por una mina antipersona en la noche del 22 de diciembre de 2002 por las trochas de la vereda Campo Alegre, municipio de Cocorná. Tras la tragedia, el padre murió instantáneamente mientras Claudia y su madre sufrieron serias lesiones en sus cuerpos, vida y autoestima, pues además fueron estigmatizadas, lo cual llevó a que se desplazaran al casco urbano de Cocorná en busca de ayuda y oportunidades.

La segunda parte se titula “La ruta de la infamia”. Esta parte de la crónica enfatiza la odisea que recorren los afectados por las minas en Colombia para ser atendidos por las entidades de salud y demás organismos del Estado como “La ruta integral a víctimas”, de la Vicepresidencia de la República. Esta ayuda debe ser brindada en el momento del accidente y después; pero las grandes distancias entre el lugar del hecho y los puestos de salud empiezan a ser el primer inconveniente en esta trágica travesía, que se agudiza con la tramitología y la papelería que deben expedir las víctimas.

Seguida de esta historia está “El refranero de Manuel Ceballos”, un relato que visibiliza el desplazamiento de una familia a causa de la violencia armada en la vereda la Iraca, municipio de San Rafael. La Familia Ceballos huye de su vivienda a raíz de la gran concentración de minas antipersona en los alrededores de la vereda; llegan a una gran ciudad que los desconoce e invisibiliza como muchos desplazados en los andenes de estas metrópolis situación que los obliga a volver a su pueblo en busca de lo que habían dejado atrás. El regreso trae consigo la tragedia, la tristeza, pero a la vez la integración familiar y el empuje campesino que identifica a los pobladores del Oriente Antioqueño.

La última parte de “Un país de mutilados” se denomina “El cielo que perdimos”. Aquí el autor manifiesta la tristeza y dolor que ha dejado la guerra en el municipio de San Francisco; enumera las estrategias y atrocidades que cometen los diferentes actores envueltos en esta contienda que involucra a la población civil. “Me pregunto cuál es el país que nos quedará al cabo de toda esta paranoia. La vida pierde sentido cuando el acto de caminar desprevenidamente sobre la tierra de los ancestros es como jugar a la siniestra ruleta rusa. El alma se desmorona, cae en la trampa mortal mucho antes que el pie. Y nos va dejando cada vez más rotos y más jodidos”, es la frase con la que Alberto Salcedo cierra esta obra periodística.